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Policía digital y garantías de los derechos

Escrito por ANTPJI Publicador el . Publicado en Blog ANTPJI

policiaEl uso de medios digitales por las fuerzas y cuerpos de seguridad suele ponerse en cuestión desde el punto de vista de los peligros que podrían derivar para los derechos fundamentales de las personas. 

Así, la primera prevé un proceso de autorización previa con intervención de una comisión autonómica de garantías y la segunda parte de la inexcusable exigencia de una autorización judicial para el acceso a los datos.

Sin embargo, no solemos abordar el uso de las tecnologías de la información como un método de garantía de los derechos fundamentales de la ciudadanía durante el ejercicio de los poderes que la ley confiere a sus agentes. No es ocioso recordar que lo que estos incluyen en un atestado posee presunción de veracidad. Dicho de otro modo, sin en la multa dice que usted estacionó mal, o que faltó el respeto a un policía o guardia civil en un control, váyase preparando para una significativa carrera de obstáculos.

Si uno se para a pensar un poco siempre le asaltan ciertas dudas ante determinadas acciones o decisiones adoptadas en materia de seguridad. Cuando la grúa se llevó mi coche, ¿lo hizo con todos los que estaban en la misma situación? ¿Es posible que un vehículo policial haga la vista gorda cuando pasa por delante de una gran superficie o de un estadio de futbol en día de partido? Por otra parte, el mito del policía que me trató de modo insolente o maleducado tiene casi más adeptos que el de la chica de la curva.

Uso de medios de control tecnológico

En este contexto el uso de medios de control tecnológico adquiere pleno sentido. Pongamos dos ejemplos. ¿Por qué razón las multas de tráfico siguen poniéndose con esas libretitas rosas que generan una copia que se engancha en el parabrisas y donde lo escrito posee mayor valor que las tablas mosaicas de la Ley? Desde el Ford Modelo T la tecnología parece haber evolucionado lo suficiente para acompañar a una técnica que como mucho ha sustituido la estilográfica por el bolígrafo.

De una parte, parece que las tablets y los smartphones incorporan posibilidades más que suficientes. Pero seríamos muy primarios si estuviéramos pensando en pasar el escrito del agente a un medio digital. Habría que ser algo más sofisticados. Primero, el software permite incorporar modelos de firma digital o biométrica que autentiquen al agente. Dicho de otro modo, que no hay otro que rellene nada que después se firme por el verdadero titular. En segundo lugar, una imagen vale más que mil palabras y si además incorpora metadatos relacionados con día, hora y coordenadas de geolocalización mucho mejor. Del mismo modo que ¿por qué no multar con vídeo? Incluso permitiría medir milimétricamente esta diferencia tan compleja entre detenerse, parar y estacionar.   

Pero no solo esto. Pongamos por caso que nuestro agente le ha multado en doble fila, y había diez coches más. Una plano general sumado a un derecho de acceso a la información pública nos garantiza que se cuidará, y mucho, de no adoptar decisiones arbitrarias o aleatorias. Multado uno multados todos, igualdad en la tragedia. Además, la gestión electrónica permitiría a cualquier ciudadano comprobar si realmente son ciertas las leyendas urbanas. Hay una en mi ciudad que dice que si trabajas en Blasco Ibáñez y hay Champions no aparques, salvo que a la salida del trabajo quieras ser el primero de un triple fila en un escenario en el que no es infrecuente usar hasta la acera. Por supuesto debe ser falsa, seguro que se multa y mucho. Pero, ¡qué bonito sería conectarse a la web en tiempo real y ver como sube vertiginosamente la estadística de multas en Mestalla! O eso, o comprobar que el ayuntamiento sigue los dictados de la FIFA y en días de partido deja la aplicación del derecho sólo en manos de la justicia deportiva.

El segundo caso no es otro que el de la grabación obligatoria de las actuaciones policiales más serias. Un control policial, los antidisturbios en una manifestación, o un registro domiciliario deberían grabarse siempre de oficio. De este modo no habría ninguna duda sobre si el agente nos habló de usted -como es su obligación-, siendo amable antes de cascarnos la multa de 300 euros. Y no hablemos de la garantía de los derechos de los ciudadanos ante las tentaciones a extralimitarse. Y si por alguna razón la acción no se registró, o presenta apagones o discontinuidades extrañas, la consecuencia lógica no debería ser otra que la nulidad. Basta con seguir la realidad norteamericana para constatar cómo los abusos policiales se verifican con las grabaciones y estremece pensar cómo sería aquel país si no se grabasen.

Por último, el uso de medios tecnológicos unidos a la administración electrónica facilitaría extraordinariamente la notificación de las sanciones impuestas y restaría dudas y discusiones, acortando los plazos de gestión y recurso. Con toda seguridad habría que introducir cautelas, medidas de seguridad y controles que garantizasen un uso adecuado de la tecnología. Puede que haya llegado el momento de jubilar la libreta de multas e ir pensando con la perspectiva de los tiempos. 

Fuente: Bez

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